Ruta Villa de Balmaseda Información general

Desde principios de siglo XII Francia, Inglaterra y Países Bajos empezaron a desarrollar una fuerte industria pañera, haciéndose poco a poco con el mercado europeo. Para satisfacer la fuerte demanda de este producto, necesitaban abundante materia prima, la lana, de la que no disponían, por lo que la tenían que importar.

La Corona de Castilla ante esta situación se ve en la necesidad de reorganizar su economía, dándole mayor importancia a la ganadería ovina. Para favorecer la expansión de este producto hacía falta una vía de salida para llegar hasta los mercados Atlánticos por el Cantábrico. Alfonso VIII crea las rutas necesarias para unir la meseta con los principales puertos de la costa, asegurando éstas con la fundación de villas. A estos pueblos se les dota de un fuero especial, el cual les concede ciertos privilegios de carácter jurídico, fiscal y comercial.

Así nació la Villa de Valmaseda, un viernes 24 de Enero de 1119 fundada por Don Lope Sánchez de Mena, Señor de Bortedo. Recibió así sus propios fueros separándose jurisdiccionalmente de aquellos que le rodeaban.

Su nombre antiguo según traducción, fue Malseda: así se leía en una inscripción que había en una de las cinco puertas de la muralla hasta el año 1780, en que se borró con motivo de una reparación, nombrándose así en el sello de sus armas.

Con la llegada de la Constitución se cambió el nombre de Valmaseda por Balmaseda.

La Villa de Valmaseda parece ser que fue poblada (según dice el padre fray Martín de Coscojales en el tercer libro de sus antigüedades) en el año 735 cuando los moros invadieron España y los naturales de la parte septentrional resistieron a su invasión. Según éste, fue cuando construyeron los dos castillos, con el objeto de impedir que se internasen los moros por aquella parte de Vizcaya. Esto es solo una teoría.

La historia medieval de Valmaseda ha transcurrido bastante revuelta, tanto por problemas internos como externos. Llego a pertenecer al Valle de Mena, que era realengo, y a Castilla desde el siglo IX. Los reyes castellanos fueron donando este realengo a parientes y amigos; así pues en tiempos de Enrique III la Villa fue empeñada junto a las de Colindres y Limpias para pagar los gastos de la guerra contra Portugal, siendo el camarero mayor del rey, Don Juan de Velasco quien prestara 15000 florines para los menesteres de la guerra. A los vecinos no les agradó la idea, por lo que tras las continuas protestas al rey consiguieron que anulara esa “venta”, para ser pagada por los propios vecinos de las villas, hecho que sucedió en el año 1399.

Más adelante Valmaseda quiso estar incluida en el Señorío de Vizcaya. Tras largas conversaciones con los reyes castellanos, este hecho se hizo realidad el 3 de Marzo de 1400. Podemos presumir que esta Villa fue la primera que se fundó sobre las que actualmente componen el Territorio Histórico de Bizkaia.

Por su situación geográfica, en una vía de paso natural entre la meseta y el Cantábrico, donde confluyen distintas rutas, Valmaseda pronto se definiría como una Villa de paso, determinando su importancia en un principio como punto estratégico en épocas de guerras y más tarde como vía de paso para el comercio del Señorío y la comunicación entre la meseta y el mar. Se convirtió en plaza aduanera y en importante Villa-mercado, donde la gente se reunía para el intercambio de mercancías, vender y comprar… siendo parada obligada de caravanas de arrieros y mulateros, de diligencias, etc.

No en vano una calzada romana pasaba por la zona comunicando Pisoraca (Herrera de Pisuerga) con Flaviobriga (Castro Urdiales). Así mismo, el Camino de Santiago forma parte de Balmaseda, el Primitivo Camino y el Camino Olvidado.

La Villa de Balmaseda se encuentra situada en la comarca más occidental del Territorio Histórico de Bizkaia, en Las Encartaciones, limitando con las provincias de Álava, Burgos y Cantabria. Dentro de la comarca, Balmaseda se sitúa en el extremo sur, haciendo límite con la provincia de Burgos y más concretamente con el Valle de Mena; de oeste a este limita con los municipios de Artzentales, Sopuerta y Zalla.

Balmaseda y Las Encartaciones en general, tienen un terreno muy montañoso, aunque sus montes no tengan altitudes muy notorias. La orografía es de tectónica alpina, bajo una gran influencia de los vecinos Pirineos, orientadas en la dirección dominante de los Montes Vascos, de SE a NO, encontrando los pliegues más amplios en la zona más occidental, de OE.

Balmaseda se ve afectada por la prolongación de la Sierra de Ordunte, que entrando por tierras burgalesas penetran en la Villa dirección SO-EN. Son de mediana altura pero con vertientes abruptas: Kolitza, 874m Los Campazos, 678m y La Garbea 718m de oeste a este y por el sur Arbalitza 683 m, formando entre todos un abrigo, el que arropa la pequeña explanada que moldea la Villa de Balmaseda. Es dividida por el río Cadagua o Salcedón, como lo llamaban antiguamente por la abundancia de salces o sauces que crecían por sus orillas. Es un río de curso corto y caudal regular con 67 kms de recorrido, de los cuales 45 kms discurren por tierras vizcaínas. Nace en el pueblo que le da su nombre, Cadagua (un sitio precioso) en el Valle de Mena (Burgos).

El clima es oceánico, por estar situada en la Cornisa Cantábrica, en su variedad vasco-cantábrica: inviernos suaves y veranos templados, con temperaturas medias de 12º y precipitaciones frecuentes que alcanzan los 1500 mm anuales. Las frecuentes precipitaciones y las moderadas temperaturas favorecen la existencia de un paisaje vegetal siempre verde. Hoy poco queda de lo que antiguamente estuvo poblado por robles, hayas, nogales, olmos, etc. La tala masiva de estas especies dio paso a la plantación de especies como el eucalipto y sobre todo el pino insigne.

De un tiempo a esta parte se está repoblando con haya y roble pequeñas extensiones de terreno, aportando al paisage un colorido especial.

La fauna fue abundante en la Baja Edad Media por la existencia de lobos, osos, jabalís, zorros y otras fieras; llegaron casi a su total extinción a principios de siglo XIX por la batida y caza indiscriminada. Gracias al control por parte de las instituciones y a una cada vez mayor concienciación por parte de los ciudadanos, muchas especies como el jabalí, zorro, corzo, garduña, ardilla, etc., las podemos ver hoy por los montes de la zona.

De esta riqueza natural que le fue dotada a Balmaseda, la madera del arbolado que cubría sus laderas se aprovechaba para la elaboración del carbón, unido a la abundancia de cursos de agua que favorecía el movimiento de los martinetes, y con la proximidad de las vetas de mineral de hierro, tenemos los ingredientes precisos para el desarrollo de la actividad industrial más importante que Balmaseda ha tenido hasta el siglo XIX, las ferrerías. Las más importantes se encontraban a orillas del río Cadagua, aunque también hubo dos en el Arroyo Abedular, afluente del Cadagua.

La naturaleza también fue generosa con la calidad de sus gentes. El sueño americano despertó la curiosidad y el ánimo emprendedor en el nuevo mundo. A lo largo del periodo que va de principios del siglo XVI hasta finales del XIX muchos balmasedanos emigraron de su tierra por varios motivos y no es que fueran gentes con poca preparación o sin recursos, también gente instruida y de buena familia. Es el caso de la estructura troncal de la familia vasca, el primogénito se quedaba en casa con todas las propiedades, mientras que el resto de los hermanos, se tenían que “buscar la vida”. Fueron muchos los motivos, aunque el afán de riqueza y el comercio fueron los principales; no olvidemos que a este último se dedicaba gran parte de la población. Otros motivos, más bien penosos, vinieron por la crisis de la industria ferrera ante los nuevos sistemas de producción, las diferentes guerras acaecidas, (Guerra de Sucesión, Guerra de Convención, Guerra Carlista, etc.) los desastres climáticos destruyendo las cosechas; pero el que más influyó en ésta emigración fue la apertura de un nuevo camino a Castilla por Orduña en 1786, lo que supuso la pérdida de la actividad comercial y con el tiempo la desaparición de la aduana.

La emigración a América trajo la aparición del Indiano a Balmaseda a través de fundaciones como la Fábrica de boinas La Encartada o el Convento de religiosas Clarisas. También hay quien hace aportaciones económicas para misas y nombrar capellanes para que recen por sus almas bienhechoras. Los hay que los dedican a la beneficencia, paliando las necesidades de los pobres mediante la creación del “Pósito de trigo”, dotes y otras ayudas; para la instrucción, para que los niños reciban una educación. Muchos balmasedanos fueron Hijos Ilustres de la Villa: Pío Bermejillo, Martín Mendía, (ambos con calles dedicadas en la Villa) Martín de Los Heros, Enrique de Vedia y Goossens, etc.

Cuando más agonizaba la Villa a finales del siglo XIX, surgió un acontecimiento que la sentaría como un balón de oxígeno para el desarrollo de principios de siglo XX, la aparición del ferrocarril: la “Compañía del ferrocarril del Cadagua” y la “Compañía del FC. Hullero de La Robla a Balmaseda”, que serviría como un nuevo camino para unir el Señorío con la Meseta Castellana.

El final de la decadencia de las ferrerías favoreció tras el paréntesis de la Guerra Civil y la posguerra, la reconversión del sector del hierro, aprovechándose la madera que movían las ferrerías para fabricar muebles de elegante factura que han alcanzado mucha fama y productividad. En el nuevo siglo XXI al sector del mueble tanto comercial como artesanal se le denomina “Ciudad del Mueble”. En la rama del metal hay industrias dedicadas a la fundición y laminados. En cuanto al sector primario, es muy poca la población que se dedica a la explotación agraria, las dificultades que presenta el terreno hace que este sector se encuentre en retroceso. Es el sector servicios el que ocupa mayor población.

Las distintas crisis económicas favorecieron el ir de la población en busca de trabajo y junto con el bajo índice de natalidad, han dado lugar a un progresivo descenso de la población y a un fuerte envejecimiento de ésta. Según los datos publicados por el INE a 1 de enero de 2020, el número de habitantes en Balmaseda es de 7.722, de los cuales el 35.41% (2.734) de los habitantes empadronados han nacido en dicho municipio, el 54.95% han emigrado a Balmaseda desde diferentes lugares de España, el 36.56% (2.823) desde otros municipios de la provincia de Bizkaia, el 1.00% (77) desde otras provincias de la comunidad de País Vasco, el 17.39% (1.343) desde otras comunidades autónomas y el 9.65% (745) han emigrado a Balmaseda desde otros países.

Mucho nos ha cambiado la vida desde que entramos en la Comunidad Económica Europea CEE en 1985 (ahora llamada Comunidad Europea CE), así como con la entrada del Euro en el 2000, siendo para bien para unos y para mal para otros. No han sido buenos momentos económicos en general para Balmaseda y Las Encartaciones, y ahora con el COVID-19 peor aún. Pero el aislamiento económico lo llevamos arrastrando desde hace muchos años, aislados entre las comunidades de Cantabria y Burgos, y el uso común del castellano entre sus habitantes, ha favorecido la falta de las inversiones necesarias para una adecuada red de comunicaciones y así abrirnos al mundo para que puedan entrar nuevas inversiones en las Encartaciones, nos ha llevado a un altísimo índice de paro entre su población... Los romanos supieron entenderlo cuando construyeron la calzada que cruzaba Balmaseda.

Pero en Balmaseda faltan muchas cosas por explotar, la lucha continua para no perder el carro de la modernidad ha hecho que se suba a la “Alta Velocidad” para recuperar sus tradiciones y aquellas raíces del pasado, para volver a situarse en el pedestal histórico en el que estuvo ubicada en tiempos de mejor fortuna.

La Villa de Balmaseda, aparte de la historia que acabamos de leer y los monumentos que vamos a ver, tiene otras muchas cosas que ofrecernos, no debemos olvidar sus fiestas: Carnavales. Desde hace unos años han adquirido mucho éxito por el desfile de carrozas, concurso de disfraces, etc. Mercado Medieval. Tiene su origen en el año 1999, fecha en la que se conmemoraba el Octavo Centenario de la fundación de la Villa. Subida al Monte Kolitza. Actualmente se celebra la víspera de la Pascua de Pentecostés con una romería por los alrededores de la ermita. Ntra. Señora de El Carmen -15 de Julio-. Fiestas de Agosto -Ntra. Señora-. San Severino 23 de Octubre. Es la fiesta del Patrón de Balmaseda, la más popular en la que participa todo el pueblo desde primera hora de la mañana en la elaboración de la Putxera, que consiste en preparar un cocido basado en alubias, chorizo, cosilla, tocino y morcilla. Semana Santa. Los balmasedanos se vuelcan cada año en la representación dramática de los últimos momentos de la vida de Jesús de Nazaret en la escenificación de la Pasión Viviente.

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Reunidos en la Plaza San Severino y preparados para hacer una bonita, curiosa e histórica ruta, empezaremos por conocer el casco antiguo.

Este se encontraba rodeado de murallas, que partiendo desde el castillo, bordeaban la Villa por ambos lados hasta llegar al río. Además de su misión defensiva en caso de guerra, los muros protegían a la población de las crecidas del río, así como de contagios, pestes y epidemias, cerrando las puertas al paso de cualquier forastero. Estas puertas eran cinco: Puerta de Ntra. Señora del Buen Suceso, Puerta de Ntra. Señora de La Leche, Puerta de San Lorenzo, (única superviviente) Puerta de Jesús Nazareno y Puerta de la Virgen de Gracia. El castillo, situado en lo alto del Cerro Polo, tenía forma rectangular, barbacana y patio de armas, siendo destruido en 1840, poco después de que acabara la Guerra Carlista. La misma suerte tuvieron las murallas y puertas a mediados del siglo XIX para poder dar una mayor extensión a la Villa.

El conjunto urbano lo forma cuatro calles paralelas entre sí y al río, con dos plazas principales, una al norte y otra al sur. Las calles están cortadas transversalmente por otras tres más estrechas, llamadas cantones, dando como resultado manzanas de casas de proporciones rectangulares.

Situada al norte, en la entrada desde Castro Urdiales y Bilbao, se encuentra la Plaza del Mercado (como se llamaba antiguamente) ahora de San Severino. En ella destacan principalmente dos monumentos: la Parroquia de San Severino y la Casa Consistorial.

La Parroquia de San Severino es sin duda el edificio más valioso de La Villa, su nombre rememora el Viejo Camino Jacobeo de Vizcaya, por el que pasaron muchos peregrinos camino de Compostela. Construido sobre un templo anterior a finales del siglo XIV o principio del siglo XV, es de estilo gótico, aunque a lo largo de los tiempos ha sufrido numerosas modificaciones y añadidos. El templo se compone de tres naves abovedadas, mayor la central, sostenidas por seis grandes columnas, tres a cada lado, formando cuatro tramos. Las columnas tienen capiteles de reparto irregular y formas entrelazadas de figuras humanas, animales y vegetales. El altar se compone de siete lados con bóveda radial y vana con elegantes vidrieras del siglo XIX. Las bóvedas son de crucería, de estilo gótico, cuyas claves llevan curiosos dibujos. En los muros encontramos cinco enterramientos bajo arcos apuntalados, siendo los más interesantes los que se encuentran en el segundo tramo del lado sur, con las figuras de un caballero y una señora en traje civil. Pero lo que más llama la atención son las tres capillas, situadas todas ellas en la pared norte del templo, se construyeron en reformas posteriores. La más interesante es la Capilla del Santo Cristo, que fue fundada por el mercader balmasedano afincado en Sevilla, Juan de Urrutia en 1545. De estilo gótico tardío, de las llamadas de tipo ochavado, alberga en su interior un excelente retablo plateresco con valiosas figuras representando el Calvario, atribuido al taller de Guiot de Beaugrant. Para ver todo esto posee dos portadas, la principal está situada en un lateral, bajo un gran rosetón, es la del brazo del crucero, presenta un gran arco apuntado entre dos contrafuertes, con gran tímpano y parteluz de pilar central, presidido por el Salvador. La otra portada, situada a los pies dela iglesia, también bajo rosetón, es más sencilla, con cinco arquivoltas apuntadas sobre columnillas recortadas. Junto a esta portada se encuentra la torre, de tipo barroco, de mediados del siglo XVIII, de tres cuerpos a diferentes anchos y con dos balconadas ornamentales. Son del mismo siglo los pináculos barrocos y los dos arcángeles que coronan las fachadas.

La Casa Consistorial o Ayuntamiento se sitúa junto a la torre de la iglesia, un sobrio edificio, de construcción civil de estilo palaciego clásico herreriano, fechado hacia 1745. Su arquitecto, de origen cántabro, le proporcionó un elegante estilo de casa montañesa. Llama la atención el amplio pórtico de columnas sobre el que se sustenta el edificio, que recuerda el interior de una mezquita. En él se realizan diversas actividades, o se utiliza como lugar de reunión, sobre todo cuando llueve. Dispone de dos plantas más, con una bonita fachada en sillería. Sobre los arcos, la primera planta con balcones adintelados enmarcados con molduras. Sobre la moldura central se encuentra el escudo de la Villa, el cual representa un puente con castillete sostenido lateralmente por dos leones. Representa al Puente Viejo con la torre sobre el río Cadagua; los leones son el símbolo del fundador de la Villa, don Lope Sánchez de Mena, señor de Bortedo. La segunda planta tiene ventanas en vanos escárzanos bajo un elegante alero.

Empezamos la ruta y lo hacemos por la Calle de la Cuesta (hace honor a su nombre), la más cercana al castillo y entonces la más deshabitada. Es de dirección única.

Plaza de los Toros, ahora de Los Fueros. Situada al sur en la salida hacia el Valle de Mena, una zona ajardinada separa la antigua construcción con la moderna. Frente a la pequeña gasolinera tomamos por la izquierda la Calle Pío Bermejillo, antiguamente Calle Enmedio; también en la Baja Edad Media fue llamada Camino Real. En el siglo XIX se cambiaron algunos de estos nombres por los de Hijos Ilustres de la Villa, aunque entre los vecinos usamos habitualmente los nombres medievales. Es de dirección única.

Enseguida vemos la Plaza de San Juan, dedicada a la iglesia situada en la calle paralela, de las que más tarde hablaré. Vemos de frente el edificio de las antiguas escuelas municipales, gracias a la donación de 125.000 pts. para tal fin de Pío Bermejillo tras su fallecimiento en 1889. Como agradecimiento, el Ayuntamiento le dedicó la calle. Ahora es la Casa de Cultura, dedicada a diferentes asociaciones, biblioteca, archivo municipal, etc. En frente se encuentra la Iglesia del Sagrado Corazón de María, de estilo neogótico construida en 1932. Cerrada al culto hace muchos años, el Ayuntamiento la restauró para que los balmasedanos disfrutemos del teatro, cine y exposiciones. Su nombre Klaret Antzokia, le viene de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, más conocidos como Claretianos, orden religiosa fundada por San Antonio María Claret en 1849. Anexo a la iglesia estaba el seminario.

Seguimos la marcha y vemos el jardín y la fachada trasera del Palacio de Horcasitas, del que hablaremos más adelante. Junto al siguiente cantón, se hallaba hasta el siglo XVIII el antiguo hospital, del que solo queda la fachada. Metidos en el casco antiguo donde se mezclan las viejas casas abandonadas con las rehabilitadas, dentro del plan de rehabilitación que llevó a cabo hace tiempo el Ayuntamiento, llegamos a una pequeña plaza, en la confluencia con la Calle Martín Mendía o Calle Bajera, se trata de la Plazuela del Marqués. Aquí se encontraba el Ayuntamiento hasta el siglo XVIII.

Plaza de San Severino. Volvemos a la plaza llegando hasta la figura del Indiano e Hijo Ilustre Martín Mendía y Conde (1841-1924), del que hablaré más adelante.

Por la izquierda tomamos la Calle de la Correría, de sentido único. Ocupando el centro de la Villa, es la más larga de las cuatro y en ella se encontraba la industria calderera en los siglos XVI y XVII, por esto se la conocía también como Calle de la Calderería. A medida que vamos avanzando vemos las fachadas del casco antiguo, dando paso a edificios más modernos. Pero entre ellos todavía se conserva un magnífico palacio, el de los Urrutia. Construido en el año 1615 es un edificio de planta cúbica con dos alturas. La fachada principal es de sillería con una gran puerta central rodeada por columnas toscanas con entablamiento de triglifos. En ambas esquinas se encuentran los escudos angulares de los Urrutia, con la cruz, la flor de lis y cinco corazones. Volvemos a la Plaza de los Fueros

Cruzamos la plaza y para acceder a la Avenida de Las Encartaciones tenemos que dar un rodeo por la derecha, a través de la Calle Félix de la Torre y Campo de las Monjas. Podemos ver el Parque Infantil Santa Clara donde se localizaba otra de las puertas de las murallas, la Puerta de Jesús Nazareno, en la entrada del Camino Real de Burgos.

Y el Conjunto Monumental de Santa Clara, compuesto por la iglesia, el convento y la preceptoría, es hoy en día una nueva seña de identidad de la Villa, que tras una profunda restauración y rehabilitación de sus elementos, cada uno de los cuales con una función concreta, ya nada tienen que ver con la finalidad que fueron construidos.

La iglesia es una pequeña obra de arte, en la que se ha instalado el Centro de Interpretación de la Pasión Viviente, sede a la asociación responsable de su organización. En el museo podemos ver algunos de los elementos más representativos de la Semana Santa balmasedana, desde los elaborados trajes de los protagonistas del Vía Crucis hasta los pasos utilizados en las procesiones, además de imágenes, vídeos, paneles informativos e innovadores efectos especiales sobre esta tradición.

Lo que fuera la fábrica del antiguo convento se ha convertido en un moderno hotel que ha sabido conservar todos sus elementos conforme el estilo de la época. Y el edificio de la antigua preceptoría se ha convertido en una elegante residencia de viviendas particulares. La iglesia, situada entre la fábrica conventual y la antigua preceptoría, está construida con muros de mampostería, una planta geométrica, típica de conventos carmelitas y franciscanos. La portada principal se abre mediante una puerta en gran arco de medio punto, encuadrado por un arquitrabe sostenido por pilastras con entablamento de estilo toscano. Encima se sitúan dos escudos del linaje de La Piedra, en forma de óvalo sobre cueros recortados; ambos, presentan dos cabezas de moro con turbante, bigotudos y ensangrentados, sobre una figura de oso que está en pie. La capilla mayor es cuadrada y en su interior alberga una buena colección de retablos con obras de los siglos XVII y XVIII. A los pies se sitúa la clausura, cerrada por un muro-verja que se abre en el comulgatorio y confesionario. En el coro encontramos un órgano barroco de 1777 de gran valor histórico y artístico, que está considerado como uno de los más antiguos de Bizkaia. En el frontal tiene pintadas unas caras un poco tétricas. La preceptoría es un noble edificio de tres plantas con vanos adintelados, rehabilitado por los nuevos dueños. Fue fundada como Escuela de Letras por Juan de La Piedra, haciendo una labor muy importante para el desarrollo cultural de la Villa durante siglos

Vamos a viajar un poco en el tiempo hasta el origen de este convento:

Era Juan de La Piedra Verastegui un mercader balmasedano, residente en Panamá, el cual tenía una hija novicia en el convento de San Martín de Don, cerca de la villa burgalesa de Frías. Pues este hecho, junto al amor que sentía por su tierra natal, hizo que se fundara en Balmaseda el convento de monjas clarisas. En Septiembre de 1644 fallece el mencionado bienhechor, dejando un largo testamento con todos sus bienes a su villa natal, a fin de que con ellos se fundase el Convento de la Orden de Santa Clara. Un 26 de Octubre de 1666 partieron del Convento de Clarisas de San Martín de Don las seis madres fundadoras, llegando a Balmaseda el 31 de Octubre, donde fueron recibidas por el Arzobispo de Burgos y por el pueblo con gran entusiasmo. Diez novicias de la Villa se sumaron a las recién llegadas, entre las que se encontraban hijas de las mejores familias.

La economía de este convento fue muy holgada, contaba con rentas y dotes en cantidad suficiente, que sabiamente administraban, teniendo por norma invertir cualquier dinero que llegase a sus arcas.

Pero llegaron malos tiempos, José I suprimió las órdenes monásticas, incautándose de sus patrimonios y convirtiéndoles en Bienes Nacionales. Las propiedades del monasterio de Santa Clara fueron sacadas a subasta en Bilbao el 6 de Agosto de 1811. Tras el periodo desamortizador, la Comunidad conservó únicamente la fábrica del convento, la iglesia y una huerta con cementerio. Durante la guerra civil de 1936-1939 las religiosas pasaron muchas necesidades, como todos los balmasedanos, aunque éstos las ayudaban pasándoles alimentos a través de las tapias del convento. En los últimos años el edificio conventual se encontraba muy deteriorado, siendo muy costoso su reparo y mantenimiento, por lo que el 16 de Abril de 1984 las ocho clarisas que lo habitaban se trasladaron a Lujua (Bizkaia). El monasterio es vendido a un particular y la iglesia se dona a la Diócesis, más tarde es declarado Monumento Histórico Artístico.

Proseguimos por la Avenida de Las Encartaciones, y al lado vemos las escuelas públicas CEIP Mendía HLHI. Esta escuela es la que fundó el Indiano Martín Mendía y Conde allá por el año 1920, con el fin de que los balmasedanos emigrantes a América llevasen una buena base de preparación de contabilidad, cálculo y correspondencia; la llamó Escuela de Comercio y Academia de Dibujo. Hasta hace pocos años ha estado regentado por Hermanos Maristas, teniendo que cerrar por falta de alumnos. El Gobierno Vasco se hizo cargo, reconstruyendo y ampliando el centro para reabrirlo a la enseñanza el curso 2001-2002.

Seguimos adelante y vemos por la izquierda el ambulatorio de la Villa, dando paso a los altos edificios que se han ido construyendo a lo largo de la avenida.

Al final de esta nos metemos por el Puente de La Penilla. El primer puente que se construyó aquí fue en el año 1848, de madera y cantería, para unir con la provincia de Álava. Ha sido el cuarto puente que se ha construido, después del Puente Viejo, Puente Nuevo, (Millonario) y Puente Celemín.

Pasado el puente nos metemos a la izquierda, por La Calzada, nombre que le viene por la calzada romana que pasaba por ahí. Avanzamos entre huertas, casas residenciales, el Polideportivo Errotarena y las Piscinas Municipales hasta meternos en el barrio de El Cristo, el que fuera uno de los primeros arrabales de la Balmaseda amurallada. A la derecha se encuentran los talleres de Renfe Ancho Métrico (antiguo Ferrocarril de La Robla). En los terrenos donde se asientan estos talleres hubo otro convento, el de los Frailes Carmelitas Descalzos, fundado en 1732, abierto hasta el año 1839. Durante la Guerra de la Independencia sirvió de cuartel a las tropas francesas de ocupación.

Como comentaba en la historia de Balmaseda, esta no volvería a conocer un resurgimiento comercial hasta finales del siglo XIX, que llegaría con el ferrocarril. Pero hasta su llegada, la población tuvo que pasar por varias etapas de esperanzas y desalientos. Así, el primer intento se llevó a cabo en 1831, cuando la Diputación de Vizcaya reconocía la necesidad de construir un “camino de hierro” desde Bilbao a Burgos, fortaleciendo las relaciones mercantiles del puerto bilbaíno con las dos Castillas. Se pensó en Balmaseda por disponer de una geografía más accesible que por Orduña, ciudad que también pretendía ser llave de paso con la meseta castellana. Pero el proyecto no vio la luz, en parte por el elevado coste de las obras y sobre todo porque en 1833 comenzó la Primera Guerra Carlista.

Terminada la guerra se retomó el plan inicial, en 1845 se proyectaba la construcción de la línea férrea Madrid-Bilbao-Irún, renaciendo en Balmaseda el sueño del progreso. Cuando se hizo oficial el trazado, a Balmaseda llegó de nuevo la desilusión, éste se haría a través de Miranda de Ebro, conectando Bilbao con Burgos y eligiendo a Orduña como punto de enlace. Pasó bastante tiempo hasta que se estableció un trazado férreo. Por fin llegó, y lo hizo con la llamada “Compañía del ferrocarril del Cadagua” que por real orden de 8 de noviembre de 1888 se otorgaba a Ramón Bergé la construcción de la línea férrea que uniría Bilbao con Balmaseda.

El 15 de diciembre de 1889 el ingeniero Mariano Zuaznavar da a conocer la llamada “Memoria de La Robla” para la construcción de un ferrocarril que uniera las cuencas mineras leonesas y palentinas con la industria del hierro vizcaína. El proyecto se formaliza enseguida. A la Villa se le pidió formalmente que cediera los terrenos necesarios para la construcción de talleres de reparación y almacenes de depósito, a lo que Balmaseda accedió muy gustosa, regalando 10.000 m. en el barrio del Cristo, donde antiguamente se asentaba el demolido convento de Carmelitas Descalzos. La “Compañía de F.C. Hullero de La Robla a Balmaseda” comenzó el trazado en 1891 y lo terminó tres años después. En 1898 la vía se prolongó hasta Luchana (Baracaldo).

Vamos avanzando y alcanzamos el Puente Viejo, junto a éste, la Plaza de Los Tilos, donde podemos reponer agua en una bonita fuente.

Puente Viejo, Romano o de Muza. Como si fuéramos comerciantes de la época, nos disponemos a pasar por él, no con mucha comodidad, por el pavimento adoquinado en rampa del 13% de desnivel. Este puente formaba parte del antiguo Camino de Castilla, uniendo el arrabal de El Cristo con el intramuros de San Lorenzo o antigua judería, permitiendo así el acceso a la Villa. Es tradición que otro viejo puente, muy anterior, sirviera de unión para la antigua calzada romana que unía el Valle de Mena con el puerto de Flaviobriga en Castro Urdiales; sobre él pudo levantarse la base del actual que parece remontarse al siglo XII, con la factura superior en madera.

La construcción actual, sobre el basamento antiguo, no debe ser anterior al siglo XIV y el torreón del siglo XV. Es de bellísima traza medieval, con arco central muy elevado y otros dos arcos más, muy pequeños, a ambos lados. Entre dos arcos se levanta el torreón, es la Puerta de San Lorenzo, la única superviviente de las cinco, que servía para el cobro de los derechos aduaneros a los comerciantes y arrieros que llegaban de Castilla. Por el costado que mira al barrio de San Lorenzo, lucían en su frontal las armas de la Villa y el Escudo Real de la Casa de Austria. El Puente Viejo es sin duda para esta Villa el símbolo y el máximo distintivo de su identidad, y como tal, figura en su escudo de armas. Desde el centro del puente y por ambos lados, obtenemos unas preciosas vistas a lo largo y ancho del Cadagua. Visto lo visto, pasamos por la izquierda al barrio de San Lorenzo, el que fue lugar de trabajo de muchos judíos como tejedores, carpinteros, joyeros, curtidores, etc.

Vamos a salir en la confluencia con la Calle Martín Mendía. Frente a un centro comercial vemos un fragmento de la muralla, lo único que se conserva. Continuamos por la Calle Martín Mendía o como se la llamaba antiguamente Calle Vieja o Bajera, la más antigua, siendo calle y a la vez camino. Enseguida volvemos a la Plaza de San Juan, junto a la iglesia de San Juan Bautista del Moral, fundada en el siglo XV por Juan López de la Puente. La torre-campanario es barroca. Tras muchas décadas cerrada al culto, ahora abre sus puertas como Museo de la Villa. El reloj de su torre toca el himno de la villa tres veces al día: a las 12:00, las 18:00 y las 20:00h.

Seguimos rodando y por la derecha tenemos un curioso edificio, se trata del antiguo Matadero Municipal, hoy tras una profunda reforma se utiliza como Escuela Taller. Aquí se encontraba la Puerta de Ntra. Señora de la Leche, abriéndose al río.

Palacio de Buniel Al otro lado llama la atención el hermoso jardín que cobija el Palacio del Marqués de Buniel, también conocido como Antigua Aduana, por ser en este edificio donde se llevaba la administración de la Aduana Real de Valmaseda. Se trata de una de las mejores construcciones civiles de la Villa. Anterior al siglo XIX de planta rectangular y fachadas de sillería adornadas por balcones forjados en hierro, que dan a las calles Martín Mendía y Pío Bermejillo. Tiene tres alturas, que se desarrollan alrededor de un elegante patio abierto con arcadas en los bajos y ventanales acristalados en la planta baja; el edificio se cubre por un tejado a cuatro aguas. La fachada principal luce una hermosa portada neoclásica de puerta adintelada entre columnas toscanas, bajo la presidencia de dos escudos de armas. La fachada posterior muestra un gran portón y escudos de la familia Horcasitas que fueron los anteriores propietarios hasta mediados del siglo XIX.

En frente tenemos una piedra de 70 toneladas y 6 metros de altura, se trata del Reloj y Calendario Solar creado por el cantero y biólogo Manuel Gómez Arenaza en 2008. Hay que mirarlo muy bien.

Proseguimos por la Calle Bajera y llegamos al Puente del Millonario. Este puente sustituye a otro que se construyó en el año 1669, debido a que el paso de las caballerías y carros por el Puente Viejo se hacía dificultoso por el pavimento empedrado y el desnivel. Lo solucionaron con la construcción del Puente Nuevo, más cercano incluso al centro de La Villa. Junto a este se encuentra la Casa del Millonario, una casona del siglo XVIII, un tanto disfrazada por las continuas reformas.

De frente llegamos a la Plazuela del Marqués, donde se ubica la Oficina de Turismo y sede de Enkartur. En ella disponemos de información turística de Balmaseda y de cada municipio de la comarca de Enkarterri, información turística de Bizkaia y Euskadi, venta de merchandising y productos agroalimentarios de la comarca, visitas guiadas, punto de información turística digital exterior y gestión de excursiones de día para grupos.

Plaza de San Severino. Bien merece la pena hacer un alto y observar las edificaciones de la plaza, sobre todo la antigua casa de Hurtado de Salcedo. Se encuentra bastante cambiada con respecto a la construcción original, conserva la planta inferior en sillería con la puerta central en arco escarzano sobre el que luce el escudo de la familia, acuartelado en cruz de cruces, trece estrellas, cinco panelas y tres fajas. Fue modificada en el siglo XIX añadiéndole las galerías en madera. Acabamos de cruzar la Plaza.

Puerta de Ntra. Señora del Buen Suceso. Aproximadamente aquí se encontraba la puerta del castillo que daba salida hacia Bilbao y Castro-Urdiales. En este cruce hoy tenemos lo que para los balmasedanos ha llegado a ser otro símbolo, el Árbol Gordo, un hermoso Plátano centenario.

En la salida hacia Bilbao se encuentra el Puente Celemín, el tercero que se construyó, por el año 1843.

Seguimos dirección Carranza o antiguo Camino de Castro calzada romana Pisoraca-Flaviobriga.

Nos encontramos en el Paseo La Magdalena, el que fuera otro de los arrabales de la Villa. Aquí podemos ver los llamados Palacetes de La Magdalena. Con la llegada del ferrocarril a la Villa, allá por el año 1890, renace la construcción urbana, manifestándose en algunas fachadas, miradores y elementos de nueva planta. Algunas de ellas son auténticos palacetes, ajardinados con muros enverjados, en ocasiones financiadas por Indianos y sus capitales americanos.

Este barrio antiguamente no tenía muy buena fama en la Villa. Diversos documentos mencionan la existencia de una casa que llaman “de los placeres”, el propio nombre de este barrio podría tener algo que ver con el ejercicio de la mancebía. Si tenemos en cuenta que Balmaseda era una Villa mercado donde paraban comerciantes, ganaderos, mulateros, etc., etc. para comprar y vender, no es raro pensar que alrededor de esta actividad económica y este movimiento humano se crease algún tipo de mancebía.

Es muy curioso lo que se le ocurrió al Ayuntamiento:

Pues con el fin de evitar en la medida de lo posible la prostitución, el Ayuntamiento prohibía que las doncellas viviesen solas, que lo hicieran con padres o parientes, “con el fin de evitar los grandes escándalos y pecados que se vienen cometiendo”. La primera noticia referente a las prostitutas la encontramos en los Libros Municipales de 1552, en un bando, en el cual, expresamente se admite que las mancebas eran abundantes o al menos de presencia evidente, haciendo vida normal y vistiendo como todas las mujeres, por lo que no se las distinguía de las damas. Por esta razón se las ordenaba vivir en delante de forma separada y vestir de modo distinto, con el fin de marcar diferencias con las mujeres de vida honrada. Se las dio un plazo de diez días a partir de la fecha de publicación del bando para cumplir estos requisitos y en caso de incumplimiento serían desterradas de La Villa tras recibir un castigo de 100 azotes. Asimismo, se advertía a todo vecino que las encubriese o permitiera vivir en sus casas, que sería castigado con dos años de destierro.

Nos vamos alejando de la Villa por la BI-630 para cambiar la ruta urbana histórica por una ruta montañera paisajística, moviéndonos en círculo y a media altura por los montes que rodean la Villa de Balmaseda.

Pasadas las últimas casas se ve a lo alto una zona arbolada, ahí se encontraba el Castillo de La Piedra. Situado estratégicamente junto al ramal de Castro y dominando el camino hacia Bilbao, solo se conserva cuatro muros de 20 metros cada uno y cuatro torreones de 2.80 de diámetro en los ángulos, aunque no consta que haya habido más obra. Sobre su origen hay varias hipótesis: (A) según el padre fray Martín de Coscojales se construyó al mismo tiempo que el situado en las murallas del pueblo, en el año 735, cuando llegaron a Balmaseda los primeros pobladores, aquellos que huían de la invasión de los moros. (B) Según Martín de los Heros en su publicación “Historia de Balmaseda” (1848), que lo mandara levantar Don Juan de Velasco hijo, sí, de aquel que prestó los 15000 florines al rey Enrique III cuando empeño las Villas de Balmaseda, Colindres y Limpias. Se involucró en las guerras de bandos que hubo en el Valle de Salcedo (Zalla, Güeñes) entre Zamudianos y Marroquines, por lo que puede presumirse que él mismo solicitara la venta y enajenación de Balmaseda para dominar desde él Salcedo y las Encartaciones. (C) Otra posibilidad es la de Don Gregorio de Balparda, quien publicara la obra de Martín de los Heros; dado que en Balmaseda había una familia que fundó en 1643 el Convento de Santa Clara, también llamada de La Piedra, no es extraño pensar que el castillo de este nombre fuera de aquella familia.

Para pasar junto a él podemos hacerlo por rampa muy dura de hormigón, del 20% y 21% que asciende por la izquierda o por la carretera hasta la parada de BUS del barrio La Venta del Sol. En este caso lo hacemos por la carretera, más cómodo.

Nos metemos por la izquierda para seguir subiendo por la derecha sobre pista de hormigón, rodeada de huertas y campas, dando vista a Balmaseda, disfrutando de una magnífica panorámica. A medida que avanzamos al abrigo del monte La Garbea 718 m, podemos ver por la izquierda el cordal montañero de Trasmosomos (Arbalitza 683 m y Celadilla 697 m) y los montes de Santxosolo (Espaldaseca 698 m, Somokurtzio 686 m y Rioya 678 m) 1.4 km.

Dejamos la pista para ascender por la derecha 0.4 km/66 m+ hasta otra que baja por los caseríos de Peña Cardeli al “Pozo Gil”, lugar donde se embalsaba el agua del Arroyo del Acebo para el consumo de Balmaseda. Salimos a la carretera de Pandozales 1.85 km/174 m-.

Ascendemos al emblemático barrio, que lo forma unos pocos caseríos y la pequeña ermita dedicada a San Isidro, donde cada 15 de Mayo se festeja con una romería.

Por las laderas de este barrio, así como en otras tantas de la Villa, podemos ver los parrales de ese vino verde llamado Txakoli. Según la tradición, el Txacoli habría llegado a Balmaseda hacia finales del siglo XV, cuando unos monjes benedictinos procedentes de Francia, trajeron consigo cepas de la zona de Burdeos (presumiblemente a través del Camino de Santiago) de la variedad Gastón y Seña, instalándose en algún convento o iglesia próxima a la Villa. No obstante, se tiene noticia de un privilegio real del año 1306, que concedía a los balmasedanos el monopolio de venta del Txacoli desde Villasana de Mena hasta Sámano, en Castro Urdiales. Gozó a la vez de un tratamiento privilegiado al ser considerado patrimonio de la Villa. En el año 1487 se tiene constancia que más de un 90% de los balmasedanos cultivaban cepas. Actualmente son pocos los vecinos que las cultivan, unos como producto comercial y otros para su propia degustación.

Solo cuando la producción anual de Txacoli se agotaba, se procedía a traer vino de fuera. Según las Ordenanzas Municipales de 1792, quien no estuviese autorizado para comprar vino de fuera, pasaba cuatro días en la cárcel, pues mientras hubiese Txacoli de la cosecha, sólo se podía beber de él. Esta es una anécdota de entre tantas otras, me alargaría demasiado.

Pero no puedo dejar de contar lo pícaros que llegaron a ser en esta Villa: en los pueblos vecinos de Mena y Zalla la producción era prácticamente inexistente, supliéndola por vinos foráneos (Rioja, de Toro, Cigales, Villagarcía, de Campos, etc.) todo el año. Como a los balmasedanos les agradaban más los vinos foráneos, se desplazaban a las tabernas más próximas a los límites municipales, como la que había en la Venta del Sol (Zalla) o la de El Berrón (Valle de Mena, Burgos).

La carretera termina aquí, nosotros seguimos por la derecha, sobre pista de hormigón.Llegamos a la altura de la Casa Piedra, donde proseguimos de frente subiendo unos metros para descender al Arroyo Kolitza, en Peñanegra 1.9 km. Sobre el arroyo, parece que nos encontramos en un embudo, rodeados de monte, y arriba desafiante, el Kolitza.

Iniciamos el ascenso por la ladera norte de la Sierra del Sabugal 1.9 km/142 m+, hasta coronar Peñas Blancas 472m. Las primeras rampas son las más duras, pero a medida que subimos se nos hace más cómodo, dejándose ver el barrio de Pandozales y su bonito entorno. Tras coronar, tenemos un pronunciado descenso 0.8 km/85 m- con curvas cerradas sobre oscuros barrancos, hasta la primera que asciende a la derecha. A pocos metros seguimos de frente, para empezar a bajar mientras van apareciendo bonitas vistas, como el Cerro Polo, el recorrido que hemos hecho por la ladera de La Garbea y Balmaseda desde otra perspectiva.

Ya nos queda poco para completar el Sabugal y el descenso de 1.8 km/253 m-. Llegamos a las “ruinas” de Bollaín, célebre por los años 1940-1950. Ahora la pista es de hormigón, con mucha pendiente hasta la carretera BI-636.

Hemos salido junto al Campo de Fútbol La Baluga, donde juega el Balmaseda Fútbol Club. Proseguimos por la derecha, hasta el Polígono Industrial El Páramo 1.5 km. Un arcén en condiciones nos permite pedalear durante un tiempo con cierta tranquilidad junto al bidegorri por el que pasean los balmasedanos. Por la derecha veremos una bifurcación con buena rampa, es la que sube al Campo de Fútbol Las Salinillas, de hierba artificial, donde juegan los chavales más jóvenes del Balmaseda Fútbol Club. Un poco más adelante por la izquierda se ve la fábrica de boinas La Encartada, que veremos a la vuelta.

Entramos hacia el polígono industrial y tras cruzar el puente sobre el Cadagua nos desviamos hacia la derecha, un tramo del Viejo Camino de Santiago, Camino de la Montaña o Camino Olvidado. El tramo desde Balmaseda hasta aquí lo ocupó en su día el FC de La Robla.

Es uno de los caminos más antiguos que se conocen, utilizado como otros muchos de la época romana que unían el Cantábrico con la meseta. Dicen que las primeras peregrinaciones lo hacen en el siglo IX, cuando venían del norte de Europa en barco hasta los puertos de Bizkaia. El Camino comenzaba históricamente en Bilbao y terminaba en Villafranca del Bierzo. Se recorrían aproximadamente 637 Km de distancia, de ahí llegaban a Santiago de Compostela . Es una ruta jacobea del norte de España, que durante la Edad Media, desde el Siglo IX hasta el Siglo XIII aproximadamente, se utilizó muy frecuentemente para que los peregrinos llegados de todas partes, pudiesen protegerse mejor de las aceifas musulmanas del sur. A medida que la Reconquista avanzaba sobre los reinos musulmanes, este camino fue perdiendo afluencia a favor del Camino de Santiago Francés, más cómodo para los peregrinos y el comercio en general, hasta su total olvido en épocas posteriores. Actualmente, este camino ofrece un paisaje único en el que no muchos peregrinos lo recorren durante el año.

El tramo que vamos a hacer es muy bonito, de 0.8 km junto al río, que termina en el Puente de Las Oleas, pequeño puente de piedra que parece ser romano. Al otro lado entramos a Castilla y León, más concretamente en el Berrón, Valle de Mena, Burgos.

El hormigón da paso al camino, que dejamos en nada por la derecha, cruzando el Arroyo de Romarín para salir a la carretera, junto a la Bodega Vinos Perica. Desde aquí vemos el Puente de Arla y junto a él un enorme cartel que nos anuncia EUSKADI – BIZKAIA.

Boinas La Encartada. Como bien indica un letrero, nos desviamos a la derecha, rodando 100m hasta las instalaciones. Enclavada en el barrio El Peñueco, la fundó el balmasedano Marcos Arena el 14 de enero de 1892, en colaboración con una sociedad inglesa del gremio textil, fabricando boinas, viseras, mantas, etc. En aquella época y hasta hace pocos años, la boina se usaba mucho entre la población vasca. El mercado que abarcaba no se limitaba al País Vasco, también Galicia, Cataluña, Cantabria y parte de Castilla las compraban; alguna vez viajaron más lejos, Alemania y Nueva York. La fábrica se situó aprovechando un molino antiguo con su salto de agua sobre el río Cadagua, el que hacía mover las máquinas y suministraba de energía eléctrica, con una potencia de 125 C.V. El pabellón industrial posee tres plantas de altura sobre una edificación de 2600 metros cuadrados de base y una superficie total edificada de 6276 metros cuadrados. En sus 103 años de vida funcionando, la fábrica ha pasado por muchos altibajos económicos, los avances tecnológicos mejoraban con el paso del tiempo, pero, Boinas La Encartada ha sabido mantener las mismas técnicas de elaboración del producto tal y como eran al comienzo de la apertura de la industria a fines del siglo XIX. En 1995 dejó de funcionar para convertirse en lo que hoy es el Museo Textil.

Volvemos a Balmaseda y a la altura del campo de fútbol La Baluga, nos desviamos por la izquierda, con la máxima precaución por el abundante tráfico, para cruzar el Puente de La Penilla. Tras pasar el puente sobre el Cadagua, nos enfrentamos a la vertiente de los montes de la margen derecha: Arbalitza 683 m, Celadilla 697 m y Espaldaseca 698 m.

Tomamos dirección Amurrio, (BI-624) y a los pocos metros vemos una presa en el río, con el cauce que entra en una pequeña caseta; aquí se encontraba el molino de La Penilla, en funcionamiento desde el año 1745. De este solo queda el cauce, aprovechándose ahora el salto de agua para producir corriente eléctrica. Cruzamos el paso a nivel de RENFE AM y empezamos a subir sin dificultad. A medida que vamos subiendo, distinguimos con más claridad el campo de fútbol de Las Salinillas, la fábrica de Boinas La Encartada y el Polígono Industrial El Páramo.

El Cenarro 1.2 km/67m+. A la altura de un caserío nos metemos por la izquierda, rampa de hormigón en los primeros metros, a continuación por tierra con un desnivel medio del 10%. Llama la atención el estrecho paso que deja al río, la carretera y la vía, el macizo del Sabugal y la ladera donde nos encontramos, Arbalitza.

A los 0.5 km/49 m+ nos desviamos a la izquierda, bajando un poco durante 100 m, hasta llegar a los tubos de la conducción de aguas del Gran Bilbao. Estos tubos vienen desde el Embalse de Ordunte, (paraje precioso) en el valle del mismo nombre y bajo la Sierra de Ordunte. Desde 1934 que se construyó, corren por aquí sus aguas para abastecer Bilbao. Desde este punto nos recreamos con otra bonita vista de Balmaseda, a lo largo del Cadagua, de oeste a este.

Subimos un par de escalones para alcanzar la infraestructura de la conducción de los tubos; estos se encuentran enterrados, formando un bonito camino durante su recorrido con grandes vistas a la Villa 0.8 km.

Dejamos la red de aguas a la sombra de los Pinos y nos desviamos por la izquierda, un sendero estrecho con bastante caída.

Llegamos a una pista asfaltada (carretera de Arbiz) junto al caserío Altamira y por la derecha, subimos un par de repechos hasta el caserío Zornotza, desde donde continuamos al Barrio de Arbiz. Hermoso lugar de caserías, donde vemos como se mezclan las labores de labranza con las ganaderas. Proseguimos por pista de hormigón descendiendo al Arroyo Angostura y hasta el Barrio Nocedal 2.5 km, entrada a Balmaseda por el lado Bilbao.

Entramos entonces por la Calle La Estación y junto al paso a nivel accedemos al Paseo Martín Mendía (otro dedicado a tal Hijo Ilustre). Precioso paseo junto al río Cadagua, el que refresca las curiosas fachadas del caserío urbano.

Por la izquierda se ve el Barrio Las Tenerías, con su propia historia: Con el paso del tiempo la Villa fue creciendo, intramuros no daba para más, por lo que la expansión urbana tuvo que salir de los límites amurallados, creciendo la población donde el terreno lo permitía. Aparecieron así los arrabales. Pues éste fue uno de ellos, de artesanos, curtidores y zapateros, como lo indica su nombre. Entre este barrio y el de San Lorenzo (junto al Puente Viejo) parece que se localizaba la aljama de los judíos de Balmaseda. No es que formaran un gueto cerrado, estos tuvieron propiedades repartidas por todo el término municipal, mezclándose con el resto de valmasedanos, aunque como comunidad religiosa se localizaban en un lugar determinado.

En la Baja Edad Media el término judío no designaba a una raza sino a una religión. El origen de los primeros vecinos judíos de la Villa no está muy claro, hay quien ve muy probable que fuera en época de la intervención de los Velasco de Castilla en las guerras banderizas de Las Encartaciones, introduciendo así a los primeros. También se cree que aparecieron entre finales del Siglo XII y primeros del XIV cuando la ruta de la lana entre Burgos y Castro Urdiales se encontraba en pleno apogeo. Al cruzar Balmaseda, donde se efectuaba el depósito de paños y lanas, esta comunidad pudo ver un lugar idóneo para establecerse a modo de sucursal, como ya venía haciéndolo en Burgos y Castro Urdiales.

En 1474 bajo el reinado de Enrique IV, la aljama de Balmaseda era una de las más importantes de la corona, más incluso que la de Burgos. Se calcula que había una población cercana al centenar de judíos. Corría el año 1483 cuando empezaron los primeros disturbios en la Villa contra ellos. Todo empezó cuando los Reyes Católicos llevaron a cabo una política de unificación, al intentar convertir a la religión cristiana a moros y judíos. En 1486 los judíos de Balmaseda fueron expulsados de la Villa.

Parque Lehendakari José Antonio Aguirre yLekube o como se llamaba anteriormente y seguimos nombrando Parque del Frontón (y punto). Ubica el Frontón Municipal, cubierto, de grandes dimensiones, con capacidad para 1200 personas, donde además de pelota, se practican otra serie de deportes. También se encuentra la Mendiko Etxea, que alberga entre otras, la nuestra, Balmaseda Bike elkartea (BBe) o Balmabike.

Fin de la ruta.

Pues esta es la ruta y su historia. Qué duda cabe sobre estar medianamente entrenad@ para hacerla lo más desahogad@ posible. De todas formas, hay que hacerla sin prisas para poder fijarte en cada rincón, parar donde las vistas nos inviten a disfrutar del paisaje, y por qué no, echar pie a tierra para subir una cuesta andando si hace falta.

Para completar más intensamente las cumbres de los montes que hemos hecho en esta ruta, mirar en la web Ruta Kolitza-La Garbea 1 y Ruta Arbalitza. Así mismo, en Wikiloc Balmabike también hay una serie de rutas que partiendo desde Balmaseda recorren los montes y pueblos vecinos. Hay para todos los gustos.

¡Buenos caminos!


Distancia: 29 km

Desnivel +: 775 m

Desnivel -: 770 m

Tiempo: 2:15:00 h

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