Ruta Calero de Trucíos 3ª Quedada BBe 2026
- llmmgg64
- hace 2 días
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Repasemos un poco la historia del Valle de Trucíos para saber por qué han llegado los trucenses a hacer los hornos de calcificación o caleros.
Según la documentación hallada a partir del siglo XVII, en el Valle de Trucíos, los cereales fueron seguramente los cultivos más apreciados por la población trucense con su principal objetivo de obtener pan. Los más comunes fueron el trigo y sobre todo el maíz, desde que se introdujo desde América a principios del siglo XVII. La introducción de éste supuso una mayor productividad con respecto a otros cereales, con una mínima cantidad de semilla se aseguraba la cosecha siguiente, con el consiguiente aumento del volumen de grano que queda a disposición del agricultor.

Otro cultivo relevante fue el viñedo. Tal es así que en 1620 en Concejo público se decide por la “mucha necesidad” que “en este valle hay que planten y hagan viñas para el buen gobierno de la república…” O sea, que era de obligado cumplimiento la plantación de las viñas para la producción de Txacolí y que no se podía vender vino de otras zonas foráneas hasta que el del valle se agotara.
Otra parte del cultivo y consumo en el valle fue la sidra. Los manzanos abundaron en la zona para la obtención de la sidra, pero a lo largo del siglo XVII por necesidad u oportunidad se sustituyeron por trigo y maíz. Donde no desaparecieron por completo, quedaron reducidas para simple consumo de mesa. Pero en las ordenanzas de 1651, entre otras, regulan la recogida de la manzana y de proteger “los árboles fructíferos” de aquellos que intentasen tomar su fruto… Ante el temor de los ordenantes a que éste licor fuese a menos, ordenan que los dueños de los manzanos no los utilicen para el consumo propio y “que ninguno cosechase las manzanas hasta que estuviesen en sazón, ni nadie las asara en hornos...pena de cuatrocientos maravedís…”
Otro complemento a los ingresos derivados de la tierra fueron los árboles y sus productos, tanto para el consumo humano como para el animal. El más trascendente fue el castaño. Junto a los cereales, la castaña fue otro elemento “panificable”, de ahí que haya sido calificada como “el pan de los pobres”. Tal fue su importancia que quedó recogida en las Ordenanzas Municipales.
Otros cultivos trucenses son las hortalizas y legumbres. También en 1651 se va a regular, como obligación, el que cada vecino tuviese que “labrar un huerto de hortaliza”, con el objetivo de que todos los vecinos tuviesen cubiertas sus necesidades más primarias con el cultivo que de ellos podrían obtener y, de este modo, evitar que, en épocas de crisis, recurriesen al “robo” de la propiedad ajena. Curioso.
En el siglo XIX un nuevo cultivo empieza a formar parte del valle, la patata, se adapta muy bien a todo tipo de terreno y “alimentaba en igual superficie cinco veces más habitantes que el trigo” (Fernández de Pinedo). En un principio fue utilizado como pienso para el ganado, pero con el tiempo adquirió importancia en la alimentación humana.
A consecuencia del tipo de cultivos que se practicaban, la tierra no tenía descanso, se pretendía obtener de ella el mayor rendimiento y éste es el factor principal de un gran aporte de abono. La mayor parte de las veces este abono provenía de los excrementos animales, pero en otras también se recurrió a productos de origen vegetal, tales como helechos, hojas, ramas o árgomas que, aplicados a las camas del ganado, una vez producidos los excrementos, se esparcían por las fincas.
A este tipo de abonos se va a sumar el basado en productos calizos para combatir la acidez de la tierra. Se crean los hornos de calcificación o caleros. Los primeros se hicieron excavados en tierra, los modernos en superficie, construcciones tronco piramidales de cuatro a cinco metros de altura. Trucíos tenía seis caleros: en Pandillo, Cueto, Agüera, Sopairo, Loredo y Las Canteras.
En las “torcas de cal” solían trabajar unas tres familias, cada una de ellas aportaba dos personas y, a veces, sólo se necesitaban cuatro personas para atenderlos. Se tenían encendidas durante cuatro o cinco días, haciendo turnos para cuidarlas durante el día y la noche. Para ello se alimentaba con árgomas y árboles que no fueran gruesos, ya que hacen menos brasas. Se colocaban por capas, una de piedra y otra de escarabilla y así sucesivamente, hasta una cantidad de 200 fanegas (una fanega de cal, entendida como medida de capacidad para áridos, equivale tradicionalmente de 75 a 125 kg. / un recipiente de 52 a 55 litros). Se apilaba hasta llegar a los dos metros de altura en el horno y el fuego solía salir por encima del calero. La caliza que estaba hecha, a pesar de fundirse nunca llegaba a caerse.
Hasta hace poco más de un año, en Trucíos se explotaba una mina, la Mina de Pandos, un yacimiento de Calcita (carbonato cálcico natural cristalizado) de los más puros de Europa, más del 99%. El 17-03-2024 hicimos una quedada hasta la entrada de la mina, aún en explotación. Puedes consultar la ruta en Wikiloc: https://loc.wiki/t/163157065?wa=sc
A ver si por parte de quien corresponda, se conserva esta mina y sus instalaciones para futuras visitas.
Esta es la historia, ahora toca rodar hasta ese extraordinario valle, conocerlo y visitar el lugar que nos ocupa, el Calero de Trucíos.
Partimos desde la Plaza San Severino y por la BI-630 dirección Artzentales. Pasado el barrio de la Herbosa nos metemos por la izquierda hacia Horcasitas y Traslaviña para ascender al de San Miguel.
Proseguimos por la estrecha carretera que parte junto al frontón, cruzando los barrios de Las Rivas, El Pigazo y Alisedo, comunicando con la carretera de Traslosheros. Descendemos 500 m para meternos por la derecha, pista de guijo cómoda de 1.2 km por la que vamos a salir a la cabecera de un prao, desde donde descendemos por la izquierda junto a él. A la altura de un caserío la pista se encuentra asfaltada y con bastante pendiente hasta la carretera general, en el Valle de Villaverde (Cantabria) 1.5 km/170m-.
Seguimos la carretera por la derecha y a escasos metros tomamos una senda por la que cruzamos el río Agüera/río Mayor; por su margen izquierda vamos a Palacio, Romaña y La Iglesia, el corazón de Trucíos 3.7 km.
A la salida del núcleo nos metemos por la izquierda para pasar por el barrio de Pando. Tras cruzarlo volvemos a salir a la general, de frente tenemos el acceso al Calero de Trucíos. Tras la visita volvemos por la rodada hasta el río y continuamos por la margen derecha sin salir a la general. Cruzamos el río y llegamos al barrio de Basinagre.
A la salida encontramos el antiguo Camino Real que conduce al barrio de Agüera (Valle de Guriezo-Cantabria). Encajonado junto al río entre el Parque Natural de Armañón y Sierra Ventoso, nos ofrece un espacio de 1.2 km salvaje, sombrío y húmedo.
En Agüera cruzamos la carretera y tomamos una pista de hormigón por la que vamos ascendiendo en zigzag por la vertiente sur de Sierra Ventoso, encajonados junto al arroyo de Perea hasta el Refugio de Larrera, en el collado del mismo nombre, 6.4 km/485 m+. Reformado hace poco tiempo, dispone de dos ventanas, fuego bajo, mesa y banco de madera, rodeando el edificio una valla de madera para protegerlo del ganado.
Volvemos a la pista, dando vista a la costa del Cantábrico desde Castro Urdiales a Güecho. Seguimos ascendiendo un poco más hasta el collado de Betaio mientras observamos el barranco por donde hemos subido desde Agüera.
Descendemos entre el monte Alén y el barranco de Peñalba a San Miguel y Traslaviña, desde donde tomamos la carretera para llegar a Balmaseda.
Distancia: 45.6 km
Desnivel +: 1.291 m
Desnivel -: 1.287 m
Tiempo: 3:30:00 h
Imágenes:
Ver en Wikiloc:
Vídeo 1:
Vídeo 2:


































































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